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Vie, Feb

El infierno que viven los desplazados de Guerrero; los muertos aún gimen desde vientre de la tierra

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Familias de Zirándaro lo dejaron todo para poder salvar su vida y la de sus hijos. Foto: Lenin Ocampo

Chilapa Gro., 04 de febrero del 2020.-(Noticias Acapulco al Desnudo.com) Nada es comparado con el infierno que viven cientos de familias indígenas de varias comunidades en Guerrero, muchos de ellos lo han dejado todo para poder salvar su propia vida y de sus hijos, ante el azote de la violencia de grupos delincuenciales.

No hay poder humano capaz de frenar la ola de violencia que azota a pueblos y comunidades de la sierra y montaña de un estado sepultado por la inseguridad, pobreza, marginación e indiferencia de quienes deberían garantizar constitucionalmente la tranquilidad y la paz de las familias indígenas.

Los desplazados de Zirándaro, son solo unos de los cientos de personas que han tenido que salir huyendo por la violencia. Grupos de civiles armados que algunos les llaman narcotraficantes, han sembrado el terror entre propios y extraños.

En esas zonas apartadas, no sube el Ejército, Policía Federal, Guardia Nacional o la Marina Armada de México. Cuando por momentos se aparecen en esos lugares es porque ya se ha cometido matazones o enfrentamientos entre grupos antagónicos.

Los testimonios de indígenas que abandonaros sus viviendas está como los casquillos percutidos en calles, patios y sobre las paredes de las viviendas el huella del mismo diablo.

Nadie sabe cuándo se terminará ese infierno, pues esperanza en que el gobierno federal meta las manos en un estado como Guerrero, donde lo más seguro que se tiene es la propia muerte, está tan lejos, como los dichos del presidente de que a la delincuencia se le combatirá con abrazos y besos.

Son familias que lloran a sus muertos, aquellos que fueron abatidos por criminales que sin piedad acabaron con lo único que les quedaba. Ahora antes que se extermine a los pueblos tienen que salir de los lugares donde nacieron y crecieron junto a sus familias. El caso más doloroso fue cuando un grupo armado en Chilapa, degolló a diez indígenas músicos y los quemaron vivos en su camioneta, este hecho consternó y a pesar de eso, esa masacre quedó impune.

Ante la apatía de los gobiernos, la población de origen indígena se han armado, lo que implica que niños y mujeres tomarán el fusil para defenderse de grupos de la delincuencia que se han apropiado de todo lo que encuentran a su paso, ante la tolerancia de quienes deberían acabar con ellos.